La influencia judía y alemana

Por:      Sergio Rangel Consuegra

      Columnista invitado

Para  contar la historia de la mayoría de los pueblos de América debemos remontarnos a España. Esto sucede con Zapatoca (siglo XVII), un pintoresco y maravilloso poblado ubicado en las estribaciones de la cordillera oriental, a los pies de la serranía de los Yariguíes, un parque hoy protegido por los organismos del medio ambiente. Pues  bien, el origen de este  poblado tiene relación con la expulsión de los judíos sefardíes por los reyes de España. En busca de un lugar en donde no se les pudiese encontrar jamás, al llegar a América (ya conversos cristianos)  se ubican en un lugar remoto, aislado por los rios Sogamoso y Suárez y la Serranía poblada por los temibles Yariguíes. Estos judíos sefardíes de costumbres severas  son “descubiertos” allí por el cura doctrinero de Guane, Basilio de Benavides (1743), quien encuentra una comunidad laboriosa y dispuesta al progreso. El cura reparte los solares y conmina a sus habitantes a construir casas y a desarrollar una agricultura de subsistencia. Nombra como primer alcalde a Don Melchor de la Prada. Aquella raza de judíos se expanden por todo el pais colombiano entre los siglos XVIII y XX marcando un hito con su dinamismo e innovación en la industria y el comercio. De ese pasado y rastro sefardí solo quedan sus nombres bíblicos: Raquel, Esther, Rud, David, Samuel, Isaías… su laboriosidad y organización en el gasto (tacaños no, ahorradores), lo demás fue borrado de su pasado para que quizás, jamás, volviesen a ser  perseguidos. (Donde no te conozcan, novela de Enrique Serrano).

El tema alemán en Zapatoca no debe confundirse en el tiempo. Geo Von Lengerke, aventurero alemán que se enamora de las montañas, de la selva, de los  rios, de sus gentes, de las dificultades, llega a Zapatoca en 1862. Trae luego de Alemania varios primos y otros amigos a esta aventura en América. Piensa que solo con caminos que lo acerquen al mar tendrá futuro la tierra en donde asentó el giro de sus negocios y se empeña en fabulosos  proyectos. Exporta  quina con destino a Inglaterra, que entonces enfrentaba una guerra en la India pues el paludismo que se combatía con la quinina era más peligroso y producía más bajas que las balas enemigas. En esa vida intensa de negocios, proyectos y amores, se le atraviesa muy joven la muerte y fallece en Zapatoca (1882). Sin embargo, Lengerke parece no haber muerto, es un mito cuya sombra crece con el tiempo. El tiempo que parece haberse detenido en Zapatoca, ajena a las angustias y los afanes de la vida actual.

La empinada cuesta de 245 escalones que conduce hasta el antiguo camposanto nos lleva hasta la tumba donde el tricolor alemán anuncia el reposo de los restos del mítico inmigrante alemán Geo Von Lengerke.

La Catedral de San Joaquín, frente al parque principal de Zapatoca es punto obligado de visita a la población levítica. Sobre las estribaciones de la cordillera, aledaña al Cañón del Sogamoso, a pesar del clima cálido circundante, el abrigo de sus frescas brisas le ha valido el cariñoso apelativo de ciudad del “clima de seda”.

Desde el viñedo Sierra Morena se aprecia una hermosa vista de Zapatoca; saboreando exquisita gastronomía y al calor de los amenos relatos de su ilustre anfitrión, se degusta el vino Perú De La Croix que allí se produce.

La Casa de Ejercicios Nuestra Señora de Lourdes y el Museo Cosmos, además de brindar alojamiento, gastronomía,tranquilidad y quietud, es un lugar considerado como patrimonio cultural de Zapatoca. Es un verdadero deleite para quienes gusten de las historias del “Quijote de la Mancha”, personaje de la literatura universal a quien allí se le rinde homenaje.

Zapatoca adopta elementos distintivos de ornato y renovación en búsqueda de su identidad arquitectónica. Es así como las cubiertas de los contadores de la energía, puertas y ventanas, sumado a jardineras con bellas flores de la región ahora engalanan las fachadas de sus casonas, acompañado de la restauración de aleros y tejados coloniales, obviamente recubiertos de la tradicional teja española. La Cámara de Comercio de Bucaramanga, seccional Zapatoca, lidera una iniciativa que estimula y premia la preservación de los elementos arquitectónicos de una población que busca fortalecer su identidad.

La Cueva del Nitro

Como un verdadero tesoro de la tradición oral de Zapatoca, existen numerosas leyendas acerca de la Cueva del Nitro, uno de los principales atractivos de la región. Entre los relatos que se han tejido en torno a esta maravilla natural, se dice que una tarde de mediados del siglo 19, en un sitio conocido como “El Alto de la Vieja”, el campesino Pedro Rueda encontró en la finca de su padre a tres extranjeros cavando a la entrada de una cueva.

Uno de ellos hablaba bien el español, y se supone que sería Geo Von Lengerke. La finca de los Rueda quedaba sobre el viejo camino español que de Guane conducía a Zapatoca, justo donde ahora se reconstruye el caído puente que Lengerke construyó sobre el río Suárez para conectar a las dos poblaciones.

¿Y qué buscarían allí Lengerke y sus acompañantes? Pues cuentan los relatos que, tras vencer la resistencia del cacicazgo guane, el conquistador español Martín Galeano encontró tanto oro que cuando escaseó el hierro decidió herrar sus caballos con el preciado metal. Y confiaba el español en que la verdadera guaca de los indios se hallaba en las cuevas. Pero no contaba con que estos prefirieron adentrarse en las profundidades, prefiriendo dejarse morir de hambre antes que entregarse al invasor.

Para ello, los guanes taponaron las salidas de las intrincadas cuevas que les servían de caja fuerte para sus tesoros, y que en últimas serían su cementerio.  ¿Acaso se atreverían los hombres de Galeano a adentrarse tras los indios a este reino subterráneo de laberínticas cavernas llenas de estalactitas y estalagmitas que forman fantasmagóricas figuras, asustando aún hoy en día al más valiente aventurero?

Pues bien, parece ser que fue esta la última morada de nuestros valerosos guanes, de quienes quedó rastro a lo largo de todas las cuevas de la ruta de Galeano,

Al parecer, según los hallazgos efectuados en éstas, se intercomunicaban por túneles y al menos uno pasaba por debajo del río Suárez. Las bocas de entrada y ventilación serían la del “Nitro” en Zapatoca, la ubicada en el ”Alto de la Vieja”, donde Lengerke habría estado cavando,  otra frente a Galán y la que utilizó el cacique Macaregua en Barichara, de donde se desprende un ramal que apunta hacia Curití… Incluso esta última sería empleada hace 500 años por los indígenas para acortar camino entre lo que actualmente es Barichara y San Gil.

Hoy en día sigue siendo un desafío explorar la caverna, sin haber sido explorada en su totalidad. Ni siquiera seis horas alcanzan para encontrar la salida a  los 18 salones que la componen. Y en lo que se ha podido recorrer encontraremos techos y pisos colmados de formaciones calcáreas, el Jardín de los Murciélagos, llamado así por la profusión de estos habitantes subterráneos, y la quebrada subterránea Los Flores, habitada por pequeños peces casi transparentes que nunca han recibido la luz solar. Eso mientras las profundidades de la tierra nos permitan seguir conociendo sus secretos.

2017-05-08T21:02:28+00:00
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