El río siempre ha estado allí, corriendo durante siglos entre las piedras del bravío Fonce, golpeando las orillas de una ciudad santandereana acostumbrada a escuchar su rumor sin imaginar que algún día aquel sonido se convertiría en el motor de una nueva economía.
Corría 1996. A mediados de los noventa, una crisis económica se veía venir sobre San Gil a causa del cambio económico que afectó buena parte de sus empresas y por la apertura de una nueva vía que comunicaba a Bogotá con la Costa Caribe, alejando el tráfico pesado que se atendía en el sector del actual Malecón. En tiempos de incertidumbre, una vez más el indómito espíritu del santandereano se enfrentaba a la adversidad, como desde los tiempos del cacique Guanentá, los libertarios comuneros y tantos otros forjadores de progreso y empuje.
De hecho, San Gil ya era una población conocida por la historia compartida por toda la Guanentina y la provincia Comunera, por el Parque El Gallineral y por ser punto de paso hacia Barichara y otras bellas poblaciones. El turismo existía, aunque principalmente de carácter familiar, de contemplación y religioso.
Entonces, ¿cómo aprovechar la geografía privilegiada de toda la provincia, como sus ríos caudalosos, cañones, montañas y cavernas?…
Un pequeño grupo de empresarios soñaba con algo que parecía una extravagancia: convertir un río en destino turístico. En Colombia casi nadie había escuchado la palabra rafting. Las agencias de viajes ofrecían playas, pueblos coloniales y excursiones de fin de semana, pero nadie vendía la idea de lanzarse río abajo dentro de una balsa inflable para desafiar la fuerza de los rápidos.
La inspiración llegó desde Costa Rica. Con el respaldo del sector público local y departamental, hasta allí habían viajado algunos emprendedores santandereanos para conocer un modelo de turismo completamente distinto. Regresaron acompañados por instructores expertos que, tras recorrer el Fonce, encontraron exactamente lo que buscaban: un río noble, técnico y al tiempo desafiante.
Las primeras balsas descendieron con más incertidumbre que certezas. No existían escuelas nacionales, ni reglamentos, ni tradición. Había únicamente cascos, remos, cuerdas, entusiasmo y la convicción de que aquel paisaje podía cambiar el destino económico de toda una región. Nadie imaginaba entonces que aquellas primeras remadas terminarían convirtiendo a San Gil en cuna del turismo de aventura. Nacía entonces Ríos y Canoas, como pionera, seguida de otros operadores de aventura que hasta hoy continúan ofreciendo aventura y emoción a raudales, literalmente.
Replicando tal iniciativa hacia el río Suárez y a otras actividades de adrenalina aprovechando la magnificencia del paisaje santandereano, rafting y canotaje, torrentismo y rappel, parapente y espeleísmo, entre otras, fueron palabras que se convirtieron en acciones cotidianas. Esto marcaría el nacimiento de una vocación que se ha fortalecido a lo largo de los años, a tal punto que en el año 2004 San Gil fue declarada Capital Turística de Santander, consolidando a Santander como el principal destino de turismo de aventura y de naturaleza de Colombia.
Las bellas poblaciones santandereanas ofrecen idílicos escenarios ideales para las actividades de naturaleza y aventura, como Xplora Parque de Cuerdas en Pinchote.
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Podemos afirmar que San Gil partió la historia de una nación que solo miraba hacia las playas y al mar entre pocas opciones para ir de vacaciones, y le enseñó que entre las agrestes montañas, ríos torrentosos, majestuosas cascadas y centenarias poblaciones podía desarrollarse el turismo.
Hace 30 años San Gil y la provincia guanentina supieron reinventarse, y hoy Santander continúa por la senda de la innovación. A las balsas sobre el Fonce, el Suárez, las actividades de adrenalina y nuestras legendarios y hermosos pueblitos se suman entre tantas maravillas el monumental Cañón del Chicamocha y su parque Panachi, el imponente Topocoro, los mágicos parajes de Pandora en el Peñón y toda la provincia de Vélez, y los encantos de Bucaramanga y su vocación como destino para grandes Eventos y Convenciones.
Con innovación, el talento y empuje de su gente, retornando la mirada a sus ancestrales oficios, el agroturismo con los frutos de su fértil tierra como el café y el cacao, y las gemas que bien se guardan en su naturaleza, Santander continúa siendo un verdadero cofre de un tesoro que se abre exhibiendo las más hermosas joyas para Colombia y el mundo.


















